Litio, una explotación disputada entre Bolivia, Chile y Argentina. El “triángulo de litio”, a caballo entre Bolivia, Chile y Argentina, contiene el 70% de las reservas mundiales de este mineral.

Litio explotación

“No al litio”, está escrito en un letrero en el borde de Salinas Grandes. Este desierto de sal se encuentra a 3.350 metros sobre el nivel del mar en la provincia de Salta, en el noroeste de Argentina. Es un lado del “triángulo de litio” que, a caballo entre Bolivia, Chile y Argentina, contiene el 70% de las reservas mundiales de este mineral.

Un nuevo oro blanco esencial para la producción de las baterías que entran en la composición de nuestros teléfonos inteligentes, computadoras y autos eléctricos y cuya demanda ha explotado, especialmente desde que Tesla comenzó a construir autos eléctricos a gran escala y otros fabricantes de automóviles están tratando de hacer lo mismo.

Mucho menos conocido que sus vecinos andinos, Argentina es ahora el tercer mayor productor de litio del mundo, después de Australia y Chile. Si la producción aún no alcanza la del desierto de Atacama en el vecino Chile, se están llevando a cabo 53 proyectos de extracción en las provincias de Salta, Jujuy y Catamarca, financiados por capital extranjero por una suma de 2 mil millones de dólares.

Sin embargo, el impacto en el medio ambiente es enorme: para producir una tonelada de litio se necesitan aproximadamente dos millones de litros de solución salina.

Poblaciones aborígenes fuera de consulta

La Fundación Argentina de Medio Ambiente y Recursos Naturales señala que las diez comunidades que viven cerca de dos salinas, las Ventas de Jujuy y Minera Exar, están divididas.

Algunos ven el litio como una oportunidad de empleo en una región que ofrece nada más que minería: los altos Andes son muy ricos en minerales: oro, plata, plomo, zinc, etc.

La mayoría de los hombres trabajan en las minas y las familias están involucradas en la cría de animales, la agricultura de subsistencia y algunas artesanías. Otras comunidades están preocupadas por el impacto ambiental a largo plazo del litio, comenzando con la caída de la capa freática, y dicen que los animales ya han comenzado a perecer.

Algunos se oponen a su extracción de frente, otros perciben el impacto en el medio ambiente como un daño colateral, un mal necesario para cierto desarrollo económico. Cabe señalar que la extracción de litio tiene consecuencias desastrosas en todo el ecosistema, con efectos desconocidos hasta la fecha, que probablemente afecten a poblaciones incluso más grandes que las de los pueblos indígenas del Altiplano.

“En términos generales, los pueblos indígenas están dispersos, divididos, marginados y vulnerables. Por eso es tan fácil “persuadir” a ciertas comunidades de que una iniciativa es correcta. Al ser muy pobres, se contentan con muy poco. Así que tengo muchas dudas sobre lo que dicen las compañías de litio sobre los acuerdos realizados con las comunidades”, comenta el profesor Graziano Ceddia, del Centro de Desarrollo y Medio Ambiente de la Universidad de Berna, que dirige Proyecto de investigación con comunidades indígenas en la provincia de Salta.

En Chile, donde se extrajo el 40% del litio del mundo durante veinte años, las comunidades indígenas alrededor del desierto de Atacama están fuertemente movilizadas contra la expansión de las licencias mineras y han presentado denuncias ante tres tribunales, incluido el Tribunal Derechos humanos interamericanos.

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