Cochabamba discute cómo enfrentar la escasez del agua. En la tercera ciudad más grande de Bolivia, el agua y su escasez están en el centro de la vida cotidiana.

Cochabamba agua

El agua es tanto una fuente productiva de salud como un fuerte indicador de poder en la sociedad boliviana. Como punto de referencia material, cultural y simbólico, también se ha convertido en un foco tangible para las promesas electorales y las manipulaciones políticas.

Por lo tanto, el agua es también un tema de interés público. Es muy importante para los individuos por su cuenta y para aquellos que actúan colectivamente en asociaciones, vecindarios y comunidades por igual.

En el campo alrededor de Cochabamba, las familias generalmente dependen de la agricultura, y como uno de los insumos de larga data para la mano de obra, la distribución, el acceso y la gestión del agua se organizan cuidadosamente en complejos sistemas ancestrales.

Pero dentro de la ciudad y dentro de sus periferias suburbanas, donde la migración a fines de los años ochenta llevó a un crecimiento acelerado y desorganizado, las autoridades no lograron organizar una solución centralizada.

Por lo tanto, el acceso urbano al agua ha llevado a una multiplicidad de acciones individuales y colectivas, algunas de las cuales se basan en la comunidad, mientras que otras son de naturaleza comercial.

Este es el entorno en el que el gobierno boliviano lanzó un importante programa de privatización a fines de la década de 1990 que culminó en lo que se conoce como la Guerra del Agua de Cochabamba.

El actual gobierno boliviano, que llegó al poder en la plataforma retórica de otorgar a las personas la capacidad de decidir, ha debilitado de hecho el ejercicio del poder autónomo en áreas de influencia expandidas.

La nueva legislación y la burocracia le han dado poder al Estado en áreas que tradicionalmente han caído fuera de su alcance. Afirma que los problemas que el país ha enfrentado en las últimas décadas, incluidos los relacionados con el acceso y la gestión del agua, se deben a la mala gestión del estado.

Pero, la lógica continúa, ahora que el Estado ha sido redefinido y reconstituido, ya no es necesario abordar las preocupaciones sociales a nivel comunitario.

Desde entonces, según el gobierno, las movilizaciones solo se han preocupado por quejarse de la mala distribución de los fondos estatales. Desde este punto de vista limitado, el colectivo solo se organiza para exigir cosas al Estado.

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